La compañía ideal para irse de vacaciones es no llevar ninguna compañía. Los ásperos caprichos de quienes viajan con nosotros sólo entorpecen la sencilla calma del ocio. Sin embargo, la juventud nos vuelve más flexibles, y en nombre de esa docilidad, aceptamos tomar café instantáneo o dormir del otro lado de la cama por quince días. Pero a cierta edad, la vejez corrompe esa mansa tolerancia y las vacaciones nos encuentran rugiéndole a las chiquilinas que se empujan y gritan por la playa, como gallinas acaloradas, contaminando de ruidosa estupidez los balnearios y comercios de la zona, bajo el efecto de la disparatada fantasía de que son mujeres independientes y no unas patéticas mocosas estirando sus mugrosos suelditos en tibias cervezas de fogón diluidas con saliva ajena.

1) La que tiene novio
La que tiene novio desperdicia todas sus vacaciones adentro de una cabina de teléfono, llorando y disculpándose con su pareja, quien le pregunta que hizo durante el día para poder gritarle que es una puta hasta ensordecerla. Es imposible sobrevivirlos: todos los días a las 19 hs, la que tiene novio obliga a sus amigas a correr como avestruces asustadas al departamento para atender la llamada de control de su prometido, y por la noche, espanta grupos de muchachos con sus ojos reventados por el llanto y su melancólico relato del novio castrador.
La Gordita Hibrida
Apuradas por la curiosidad carnal, todos los años egresan, con sus breves polleritas, las inquietas adolescentes listas para ser
mujeres. Corren de la oficina a la universidad con sus cuadernitos y fotocopias mientras llevan, prendidas en sus caderas, las húmedas miradas de jefes y profesores verdes. Sin embargo, no todo es sensualidad. Entre los cuerpos pegajosos y el coqueteo de pupitre, emerge, como un anodino bebote de goma, una vírgen de tetitas puntiagudas y firuletes de broderie: la gordita híbrida. A diferencia de sus compañeras, que circulan por las aulas empapadas de un compacto vapor sexual, la gordita híbrida sólo despierta simpatía fraternal. Su cuerpo aún conserva un fino acolchado de grasa infantil que esconde sus curvas, y sus pueriles patas de palo, rectas como tubos de mortadela, acompañan su aletargada sexualidad de prescolar. Su rostro pepón y redondito incita el pellizco y su cabello parece recogido por su madre antes de ir a la escuela. La gordita híbrida se viste como una nena o una vieja, indistintamente. Usa camisitas blancas de cuello romántico y pantalones de jean bordados con mariposas, tanto como un camperón color malva, botas de taco cuadrado o saquitos color marrón anciano.
COLECCION DE IMAGENES, RELATOS Y DESCRIPCIONES
DE MUJERES FANTASTICAS REALES
asi es, desde hoy Bestiaria pasa a ser sin duda una nueva seccion dentro del blog. solo lean y sabran a lo que me refiero, quien sabe tal ves mas de alguna se sentira identificada con algun relato, jajaja..
A la bestia bruta le gustan las frases y las citas, y las memoriza o las escribe en un cuaderno. Le gustan los señaladores con perros y muñecos que dicen cosas de amor y de amistad. Dice que le gusta leer, pero que prefiere revistas. Su libro preferido, es “Relato de un náufrago” y las novelas románticas. La bestia bruta no es vaga, no es buena en nada pero se esfuerza. Estudia repitiendo sin parar pensando que esta vez quizás apruebe, pero nunca pasa. Probablemente repitió una o dos veces en primaria y le molesta profundamente levantar la mano a principio de año, cuando preguntan quien es “repetidor”.
Finalmente todas las bestias brutas o abandonan, o terminan en un secundario nocturno acelerado. Para la bestia bruta los idiomas son imposibles. La mandaron a inglés siete años pero apenas si pronuncia tres palabras (Ticket, small y sorry – tiquest, esmol y zorri-). Tampoco es capaz de ser prolija: Se le explotan las biromes, se le desplancha la pollera, tiene fea firma, letra de varón y usa muchos ojalillos. Todo lo que escribe está plagado de errores de ortografía. Usa mal muchas palabras y dice barbaridades como “ninodoro”, “mongólico”, “manipulear” y “Spielbert”. En el trabajo, la bestia bruta es vendedora, está en la balanza de verduras del supermercado o es administrativa en un geriátrico. Siempre le cobra mal a los clientes pero lo dice convencida. Cuando la corrigen se pone colorada y se enoja un poco, porque le molesta ser siempre la misma burra. La bestia bruta está de novia siempre con alguien del barrio. A él le gusta correr picadas y el fútbol. Toman mate y comen facturas sin parar mientras miran Telefé y dicen burradas. La bestia bruta es así. Espantosa.